
El gobierno colombiano reconoce oficialmente a 87 pueblos indígenas, pero la Organización Nacional Indígena señala que existen al menos 102 comunidades. En el censo de 2005 se contabilizaron aproximadamente 1,4 millones de personas indígenas, lo que representa el 3,5 % de la población del país.
El tamaño de cada pueblo varía desde unos pocos cientos hasta varias decenas de miles de integrantes, y cada uno conserva sus propios valores, cultura e historia. Desde #SoyBachué defendemos el derecho de estos pueblos a preservar y proteger sus saberes.
Inspirada en la leyenda de Bachué, elegí su nombre para fundar una empresa social que respeta y fortalece el conocimiento acumulado de estas culturas.
No quiero dejar de contar la leyenda de Bachué, pues ya he hablado mucho de ella y su historia merece ser conocida. Su nombre significa en chibcha, la lengua de los muiscas, “la de los pechos desnudos”. Según la leyenda, emergió del lago de Iguaque con un niño en brazos y se sentó en una piedra. Cuando el niño creció y se convirtió en un joven, se unió a él en matrimonio y juntos poblaron la Tierra. Para los muiscas, ella es el origen y la madre de toda la humanidad.
Bachué enseñó a los primeros seres humanos a convivir en paz y en armonía con lo sagrado. Les transmitió el conocimiento necesario para alimentarse mediante la agricultura y respetarse entre sí. Fue especialmente venerada en el templo de Chiíquiza, que en tiempos coloniales fue rebautizado como “San Pedro de Iguaque”.
Cuando su labor estuvo cumplida, Bachué y su esposo regresaron al lago, y con ello, al mundo subterráneo. El cronista español Pedro Simón recogió esta leyenda y escribió que Bachué era la diosa principal de los pueblos originarios, quienes la llamaban Furachogué, “la buena mujer”, por ser una divinidad benevolente. También relató que los muiscas creían que Bachué regresaba de vez en cuando desde el inframundo para guiar a su pueblo.
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